Doctrina anglicana sobre la Santisima Vírgen María
Es habitual la creencia, sobre todo entre católicos, de que la iglesia anglicana y otras confesiones cristianas reformadas o protestantes, no creen en la Virgen María. Los anglicanos seguimos honrando a Santa María Virgen y celebrando su festividad cada 15 de agosto, tal y cómo siempre hizo la iglesia, incluida la romana, fieles a la tradición católica. En la actualidad la iglesia católica romana ese día conmemora la solemnidad de la Asunción; según dogma del papa Pío XII, proclamado el 1º de noviembre de 1954, la virgen María, después de su muerte, fue asunta al cielo.
Como todos los dogmas éste carece de fundamento bíblico y por lo tanto los anglicanos no lo aceptamos, ya que ningún hombre está legitimado para imponer una doctrina que sea contraria o no pueda ser probada conforme a la Sagrada Escritura.
No pretendemos aquí cambiar doctrinas erróneas que a lo largo de los siglos fueron y siguen siendo inculcadas en ciertos sectores pro-marianos de la iglesia católica, dónde aún hoy se antepone o equipara el rezo del rosario al Oficio Divino, o los cientos de advocaciones marianas, a la adoración a nuestro Señor Jesucristo, único nacido sin la mácula del pecado, Redentor y Salvador de todos los hombres. Nos damos por satisfechos si su lectura suscita una reflexión seria y profunda sobre un tema tan delicado como desconocido, incluso para aquéllos que lo aceptan.
Como hemos comentado antes, nuestra fe y creencias se fundamentan y sustentan en lo que hallamos en la Biblia, palabra infalible de Dios, y así lo hacemos también en lo referente a la bienaventurada Virgen María. Los evangelios nos relatan muy claramente que Jesús fue encarnado, sin intervención de hombre alguno, en el seno virginal de María –tal como confesamos en los credos Apostólico y Niceno-constantinopolitano- por obra y gracia del Espíritu Santo.
Toda la genealogía de Jesús, su concepción y nacimiento, es narrada con detalle por el evangelista Mateo en su capítulo primero. (Mt. 1:1-25) Dudar de la intervención divina en tan portentoso hecho, sería tanto como negar la existencia de Dios mismo y por lo tanto no creeríamos tampoco en Él. Ante esa omnipotencia de Dios, ¿cómo no creer que María concibiera un hijo por obra del Espíritu Santo? Negarlo sería tanto como negar la Creación misma, desde los microscópicos seres que nos rodean hasta lo infinito, allá dónde nuestra limitada inteligencia no nos permite llegar.
Es frecuente escuchar, a modo de razonamiento para justificar la existencia del Universo, que todo es obra de la naturaleza. La Naturaleza es, ni más ni menos, el conjunto de la Creación, tanto de aquello que conocemos como de lo que desconocemos.
Así, pues, creemos en la Virgen María y también en su concepción virginal.
Sin embargo, toda la Biblia centra su mensaje en el anuncio, encarnación, nacimiento, vida, obra, pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Biblia es, por tanto, cristocéntrica y por ello la existencia misma de María gira en torno a su Hijo, el único mediador entre Dios y el hombre. (1ª de Tim. 2:5-6) Asimismo la Biblia nos enseña, y así lo creemos y proclamamos, que no hay otro nombre que el de Jesús, bajo el cielo, dado a los hombres, para que podamos ser salvados. (Hech. 4:12)
Es en este contexto que creemos que la Virgen María fue la bienaventurada que creyó. (Luc. 1:45)
Su maternidad, con ser tan portentosa y maravillosa, no la hace sin embargo superior al resto de los creyentes y así lo aseveró su propio Hijo, contestando al escuchar una bienaventuranza hacia su madre: antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan. (Luc. 11:27-28)
Acerca de María creemos todo lo que nos dice el Nuevo Testamento y en ella los cristianos vemos el más claro ejemplo de fe, entrega, humildad, abnegación, fidelidad, renuncia y consagración. También de labios de María escuchamos el mejor de los consejos: haced todo lo que Él os diga. (Juan 2:5) En el Oficio de Vísperas, alabamos a Dios cada día también con palabras de María:
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador
porque ha mirado la humillación de su esclava,
desde ahora me felicitarán todas las generaciones
porque el poderoso ha hecho obras grandes por mi......
(Luc. 1:46-49)
También nosotros proclamamos, con todas las generaciones, que María es Bienaventurada, -versículo 48 del Magnificat- pero ello no nos da pié para divinizarla, ni darle culto, ni invocar su mediación, ni hacerla esperanza de nuestra salvación, ni corredentora con Cristo, como hace la iglesia católica. (Conc. Vat. II, const. dog. Lumen Gentium nn .60-62)
En palabras del propio Jesús y de los apóstoles, la Biblia nos enseña que tenemos un solo redentor y mediador, Cristo hombre (Apoc. 5:9 y 1ª de Tim. 2:5) y un solo abogado, el Espíritu Santo. (Juan 14:16-17)
Decir que no creemos en la Virgen María es faltar a la verdad. Creemos en la que creyó en su propio Hijo, Jesús, como el Mesías esperado, el Redentor de todos los hombres y mujeres, el que fue en todo como nosotros, pero sin pecado. (Heb. 4:15)
El gran respeto y veneración que sentimos por la madre de nuestro Señor nos hace seguir el discreto silencio que mantuvieron los apóstoles, antes que seguir a quienes sacan de contexto la figura de Santa María Virgen, madre virgen, desfigurando su persona e imagen bajo una enseñanza ajena a la Biblia, lo que ha acarreado celos y contiendas, cuando no irreverencia y fanatismos, para multitud de personas de buena fe.
Creemos, pues, en la Virgen María que tan claramente nos retrata y relata el Nuevo Testamento para así testificar mejor en Dios que de tal manera amó al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquél que en Él crea no se pierda si no que tenga vida eterna. (Juan 3:16)
Creyendo así, al ejemplo de los apóstoles y primeros cristianos, damos gloria y honor al Padre por Jesucristo en la unidad del Espíritu Santo y a María la veneramos como a la bendita entre todas las mujeres.


1 comentario:
Gracias!
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